Engáñame si puedes

By 02/01/2019Artículos

Cuando la diligencia se hace presente, el índice de delitos se reduce considerablemente. 

Geraldine Vásquez

Abogada

Durante los últimos meses, se ha visto cómo las modalidades para estafar se han ido perfeccionando. Atrás quedaron las típicas formas de engaño (llamadas, mensajes de texto, etc.). Hoy en día, los operadores delictivos se han vuelto más expertos en sus oficios, y ello implica que los operadores del derecho nos coloquemos en un nivel superior para poder combatir la impunidad y castigar el delito.  

Antes que nada, es importante situarnos en el contexto de lo que se establece en el artículo 196 del código penal, norma que sanciona y castiga el delito de estafa:

 «El que procura para sí o para otro un provecho ilícito en perjuicio de tercero, induciendo o manteniendo en error al agraviado mediante engaño, astucia, ardid u otra forma fraudulenta, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de uno ni mayor de seis años.» 

El tipo penal para este delito exige que no exista un mero engaño, lo que es factor importante, sino que es necesario que dicho engaño sirva para que se dé un desprendimiento patrimonial, y así el ansiado beneficio en provecho del estafador. Entonces, podemos ver, hasta este punto, que para que se configure este delito, deben darse 3 etapas: 

  1. ENGAÑO 
  2. DESPRENDIMIENTO PATRIMONIAL 
  3. BENEFICIO PROPIO

Para que cobre real relevancia, el engaño debe ser bastante, con el fin de inducir a error y viciar la  conducta del agraviado, según lo requiera el agente estafador. Asimismo, el agraviado no debe haber actuado de manera negligente. Es decir, debe haber sido lo más diligente en su actuar frente al estafador. Así, por ejemplo, si la estafa se configuró a través de la compra – venta de un bien inmueble, el agraviado debería  haber realizado las actuaciones mínimas de investigación en los registros públicos sobre la titularidad de dicho inmueble y la persona que lo estuviera vendiendo, entre otros.  

Para continuar, el desprendimiento patrimonial se refiere a que el agraviado haya sacado de su esfera personal un bien y se lo haya entregado al estafador, quien actuó valiéndose del engaño (u otra forma de fraude). Es decir, se ve afectado el patrimonio del agraviado. Finalmente, el estafador se ve beneficiado con aquello que el agraviado le ha entregado (lo que no hubiera ocurrido bajo otras circunstancias). 

Dicho esto, es importante mencionar que las formas actuales y más usadas para estafar son a través de las redes sociales como Facebook y whatsapp. Asimismo, el uso de la  internet para timar a las personas con juegos de lotería, o mediante el engaño del supuesto familiar detenido o accidentado, para de esa manera despojar a la víctima de parte de su patrimonio. Como se puede observar, la forma de cometer el delito ha ido evolucionando, en la medida que la sociedad también lo ha hecho. 

Un tema importante en este punto es el referido a la pena que fija la ley para quien cometa este delito (de 1 a 6 años). Sin embargo, la estafa en su forma agravada (tipificada por el artículo 196-A del código penal), establece como pena mínima 4 años y como pena máxima 8 años de prisión; así como un mínimo de 90 y un máximo de 200 días – multa. 

En el sentido de lo antes expuesto, deben considerarse 6 escenarios en los que pueden configurarse el delito de estafa en su forma agravada, según el artículo 250 del código penal: 

  1. Si el delito es cometido en agravio de menores de edad, personas con discapacidad, mujeres en estado de gravidez o adultos mayores. 
  2. Si se realiza con la participación de dos o más personas. 
  3. Si se comete en agravio de una pluralidad de víctimas.
  4. Si se realiza con ocasión de compra – venta de vehículos motorizados o bienes inmuebles (tal como se ejemplificó líneas arriba).
  5. Si se realiza para sustraer o acceder a los datos de tarjetas de ahorro o de crédito, emitidos por el sistema financiero o bancario.
  6. Si se realiza con aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad de la víctima. 

Ahora bien, recurramos por un momento a la historia, y pensemos en aquel caso emblemático que lleva por nombre CLAE. Sin duda, ello nos servirá para comprender mejor cómo puede el engaño (astucia, ardid, fraude u otros) causar perjuicio económico irreparable, y por qué no hasta personal. 

El CENTRO LATINOAMERICANO DE ASESORAMIENTO EMPRESARIAL – CLAE fue intervenido en 1993 por las autoridades, y su dueño Carlos Manrique Carreño fue acusado y sentenciado por la comisión del delito de estafa, en su modalidad agravada. 

Se trataba de un esquema piramidal, por medio del cual CLAE ofrecía el pago de intereses de hasta 100% – 200% por el depósito que hicieran las personas. Las primeras se empezaron a ver beneficiadas; pero con el paso del tiempo, quienes llegaran después, no tanto. Se les pedía a los primeros ahorristas que refieran a otros, y con el depósito de los últimos se les iba pagando dichas tasas de retorno a los primeros. En poco tiempo, la empresa logró mover 200 millones de dólares al año, cifra que era exorbitante y con la que ningún banco podía competir. 

El problema que reflejaba CLAE era que se dedicaba a captar fondos del público y trabajarlos, lo que se conoce como intermediación financiera (para lo cual se debe contar con autorización de la SBS). Sin dicha autorización (lo que implica fiscalización del estado), las operaciones que realizaba la empresa se encontraban al margen de la ley.

 En ese sentido, se valía del engaño de prometer altas tasas de retorno a cambio de que las personas realizaran depósitos de dinero (despojo patrimonial). Así, la empresa podía emplear dichos montos (millones) para realizar otras actividades económicas (y hacerse de un beneficio propio). Al cabo de un tiempo, CLAE llegó a contar con el 40% de la liquidez bancaria del país. Resta decir que una vez intervenida la empresa del señor Manrique, no se encontró contabilidad idónea que sustentara sus actividades, mucho menos dinero con el cual responder a las miles de personas que le confiaron sus ahorros.       

Actualmente, en nuestro país, la estafa se sitúa como el segundo tipo de hecho delictivo que más ha  afectado a la población de 15 años a más. En ese sentido, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), las mayores cifras de victimización por este delito se ubican en la ciudad de Junín, seguido de la ciudad de Puno, Tacna, Cusco y Madre de Dios.  Por el contrario, las ciudades con menor índice delictivo son Lambayeque, San Martín, Cajamarca, Huánuco, Moquegua y Tumbes. 

Sobre este particular, una situación que llama la atención es que si se tiene esta información ¿por qué no se trabaja para reducir los índices delictivos a su mínima expresión? Ante  esto, la respuesta es bastante alarmante. La población consultada manifiesta que el hecho de realizar una denuncia por estafa es: 

  1. Una pérdida de tiempo.
  2. Se desconoce al delincuente. 
  3. Se trata de un delito de poca importancia. 
  4. Hay desconfianza en la policía. 
  5. No se llegó a consumar el hecho. 

Vale decir que no hay una verdadera concientización sobre esta situación. Es decir, no se tiene una motivación suficiente por parte de la población para ayudar a que los índices del delito mermen. Frente a ello, hacemos un llamado a las autoridades para que a través de su posición se esfuercen por llegar a la población con mensajes claros y certeros de que juntos se puede erradicar la impunidad. 

La receta parece ser sencilla: aplicar la ley a todos por igual. Sin embargo, esta tarea no es ni será sencilla de realizar, en tanto la población (afectada directa o indirectamente) no se comprometa a hacer lo propio: denunciar los  hechos que den lugar al ilícito penal. Un trabajo en conjunto es lo que se propone, se incita y se solicita.

 Cada persona desde su posición puede ayudar a que la situación sea cada menos nociva. No hacerlo implica, cuando menos, un desentendimiento cruel hacia aquellas personas que han pasado por esta situación y no han encontrado soluciones justas (recordemos nuestro caso emblemático). Comprendemos que no es algo que se vaya a lograr de la noche a la mañana, pero si en algo se puede ir avanzando, hagámoslo.